dimarts, 15 d’octubre de 2013


Diego no conocía la mar.
El padre, Santiago
Kovadloff, lo llevó a descubrirla.
Viajaron al sur.

Ella, la mar, estaba más allá de los altos

médanos, esperando.
Cuando el niño y su padre alcanzaron por fin
aquellas cumbres de arena, después de 
mucho caminar, la mar estalló ante sus ojo
s. Y fue tanta la inmensidad de la mar, y
tanto su fulgor, que el niño quedó mudo de
hermosura.
Y cuando por fin consiguió hablar, 
temblando, tartamudeando, pidió a su
padre:
"¡Ayúdame a mirar!"


El Libro de los Abrazos, Eduardo Galeano